La suerte de existir: cooperación y adaptabilidad

La magia de la naturaleza

Si os gustó la entrada anterior, no podéis dejar de leer la entrega, la suerte de existir, segunda parte (si te perdiste la anterior, te dejo el enlace: https://wiccana.es/la-suerte-de-vivir/). Hoy continuaré hablando de cómo el ser humano está aquí, pese a todo pronóstico a base de cooperación, diversidad y adaptabilidad.

No siempre sobrevive el más fuerte

Durante mucho tiempo se popularizó una visión de la evolución basada únicamente en la competencia.

Sin embargo, la naturaleza cuenta una historia bastante más compleja.

La cooperación ha sido una de las herramientas más poderosas de la vida.

Las propias células complejas de las que descendemos surgieron gracias a una alianza entre organismos distintos. Una antigua bacteria pasó a vivir dentro de otra célula y ambas descubrieron que juntas funcionaban mejor que separadas.

Todavía llevamos aquella colaboración en cada una de nuestras células.

La naturaleza está llena de acuerdos similares: árboles intercambian nutrientes con los determinados hongos, flores e insectos que evolucionan conjuntamente….

Incluso nuestra flora intestinal es la responsable de que obtengamos la suficiente vitamina K como para tener sano nuestro sistema de coagulación.

La vida no es únicamente una historia de lucha, también es una historia de colaboración.


Adaptarse o desaparecer

La evolución tampoco parece premiar siempre a los más fuertes, ni siquiera a los más inteligentes. Con frecuencia premia a quienes mejor se adaptan al cambio.

Las especies muy especializadas pueden prosperar durante millones de años mientras las condiciones permanecen estables. Sin embargo, cuando el entorno cambia, esa misma especialización puede convertirse en una desventaja.

Las especies más flexibles suelen disponer de más opciones para afrontar situaciones nuevas.

Algo parecido ocurrió en nuestra propia historia. Durante millones de años convivieron diferentes especies humanas. Algunas eran más robustas que nosotros. Otras estaban mejor adaptadas a determinados entornos. Varias fabricaban herramientas y poseían comportamientos complejos.

Sin embargo, fue Homo sapiens quien consiguió sobrevivir. Probablemente porque supo hacer algo extraordinariamente bien: adaptarse.

La evolución parece valorar menos la perfección que la capacidad de cambiar cuando las circunstancias lo exigen.


La diversidad: la gran estrategia de la vida

Quizá el mayor secreto de la evolución sea la diversidad.

Cada individuo es ligeramente diferente de los demás. La mayoría de esas diferencias pasan desapercibidas. Pero algunas pueden convertirse en una ventaja cuando el mundo cambia.

Tal vez una antigua bacteria desarrolló una forma de tolerar el oxígeno cuando para las demás era un veneno.

Tal vez un primate nació con una anatomía ligeramente distinta que facilitaba caminar mayores distancias.

Tal vez una pequeña variación aparentemente insignificante acabó cambiando el destino de toda una especie.

La diversidad funciona como una reserva de posibilidades para el futuro. Es la forma que tiene la vida de prepararse para desafíos que todavía no existen.

Por eso la evolución tampoco parece avanzar hacia la perfección, da la sensación que avanza explorando posibilidades.

Y quizá sea precisamente esa capacidad para reinventarse una y otra vez la razón por la que la vida ha conseguido persistir durante miles de millones de años en un planeta que nunca ha dejado de cambiar.


Una última reflexión de una bruja verde

Quizás solo seamos polvo de estrellas que ha aprendido a preguntarse de dónde viene.

Quizá solo estemos aquí por una combinación extraordinaria de casualidades, oportunidades y circunstancias favorables. Quizá no fuimos elegidos. Quizá no somos los favoritos de ningún dios ni de ninguna diosa. Quizá simplemente somos una de las muchas formas que ha encontrado la vida para seguir explorando posibilidades.

Porque la naturaleza parece perseguir algo mucho más simple y, al mismo tiempo, mucho más poderoso: continuar, expandirse, adaptarse y persistir.

Y quizá ahí resida una de las formas más hermosas de la magia, saber contemplar a la naturaleza con la suficiente atención como para reconocer el milagro que representa.

Y esa quizá sea una de las lecciones más humildes que podemos extraer de toda esta historia; porque la Tierra seguirá girando sin nosotros, la atmósfera volverá a reorganizarse, los océanos encontrarán nuevos equilibrios y la vida seguirá evolucionando. Y no tenemos ninguna garantía de formar parte de ese futuro.

Precisamente por eso, como brujas verdes, como wiccanas o como seres sensibles que intentan vivir en armonía con la naturaleza, nuestra responsabilidad sea enseñar a contemplar la inmensa suerte que supone existir y procurar que nuestra forma de vivir siga siendo compatible con el resto de seres que comparten este pequeño rincón del cosmos con nosotros.

Anna, directora de Wiccana

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