Costumbres y forma de vida del pueblo Celtibero
Hoy toca hablar de cómo nos veían los romanos a los celtas en Hispania, o como lo llamaron, pueblos celtiberos. Y es un tema que me encanta. Estudiar mis raíces celtas y ya de paso, criticar al imperio romano (no, no lo haré, además, sin su legado, no podría escribir esta entrada)
Los pueblos celtas y celtíberos de la Península Ibérica apenas dejaron textos escritos. Su cultura era fundamentalmente oral y, según las fuentes clásicas, los druidas transmitían sus conocimientos mediante la memoria y la palabra.
Entonces, ¿cómo sabemos cómo vivían?
Principalmente gracias a tres fuentes:
- Los escritores griegos y romanos que recorrieron Hispania.
- Los cronistas y monjes que recopilaron tradiciones siglos después.
- Los hallazgos arqueológicos encontrados en castros, necrópolis y asentamientos celtas.

Y entre todos ellos destaca un nombre: Estrabón.
Aunque escribía desde la perspectiva de una civilización conquistadora, sus textos nos permiten asomarnos a la vida cotidiana de los pueblos del norte peninsular como los galaicos, astures y cántabros.
Y la verdad es que algunos detalles siguen sorprendiendo incluso hoy.
Estrabón, la prensa sensacionalista de la Antigüedad
El geógrafo griego Estrabón describió a los pueblos del norte de Hispania con una mezcla curiosa de admiración y desconcierto.
Para los romanos eran pueblos duros, montañeses, guerreros y difíciles de someter. Sin embargo, también reconocían en ellos una forma de vida diferente y sorprendentemente resistente.
Lo que más desconcertó a Roma: el papel de las mujeres celtas
Si hubo algo que realmente sorprendió a los escritores clásicos fue la posición que ocupaban las mujeres en algunos pueblos del norte.
Las mujeres heredaban las propiedades
Estrabón menciona que las tierras y los bienes familiares podían transmitirse por línea materna.
Para una sociedad profundamente patriarcal como la romana, aquello resultaba extraordinario.
Ellas organizaban los matrimonios
Según las fuentes, eran las mujeres quienes gestionaban determinados acuerdos familiares y matrimoniales, incluyendo las dotes de sus hermanos.
El linaje materno
Algunos autores antiguos sugieren que el prestigio familiar podía estar muy vinculado a la línea materna.
Aunque los historiadores actuales siguen debatiendo el alcance real de estas costumbres, es evidente que el papel femenino era mucho más relevante de lo que Roma estaba acostumbrada a ver.
Trabajaban la tierra y sostenían la economía
Mientras muchos hombres participaban en campañas militares, actividades de caza o asambleas tribales, las mujeres mantenían gran parte de la actividad económica cotidiana.
Cultivaban, cuidaban el ganado y gestionaban recursos esenciales para la supervivencia de la comunidad.
Una de las costumbres que más llamó la atención de los autores clásicos fue la llamada «covada». Tras el nacimiento de un hijo, era el padre quien permanecía junto al recién nacido recibiendo visitas, mientras la madre retomaba gradualmente sus actividades. Este gesto simbolizaba el reconocimiento público de la paternidad.
También combatían cuando era necesario
Las crónicas romanas relatan que durante algunas guerras las mujeres participaron activamente en la defensa de sus poblados.
Aquello resultaba incomprensible para muchos autores romanos, que lo consideraban una muestra de barbarie.
Probablemente para las comunidades locales era simplemente una cuestión de supervivencia.
La alimentación de los celtas: bellotas, cerveza y mucha autosuficiencia
El famoso pan de bellota
Uno de los detalles que más llamó la atención a Estrabón fue que gran parte de la alimentación procedía de las bellotas.
Las secaban, las molían y elaboraban una especie de harina con la que preparaban panes que podían conservarse durante largos periodos.
Para los romanos aquello resultaba casi impensable.
Para los habitantes de las montañas era simplemente aprovechar los recursos que ofrecía el bosque.
Preferían la cerveza al vino
El vino era escaso.
Cuando conseguían vino solía reservarse para celebraciones importantes.
La bebida habitual era la cerveza, mucho más accesible y adaptada a los cultivos locales.
Cocinar con grasa animal
Otra costumbre que sorprendía enormemente a griegos y romanos era el uso de mantequilla y grasa de cerdo en lugar de aceite de oliva.
Hoy puede parecer un detalle menor, pero para las culturas mediterráneas el aceite formaba parte de su identidad.
Banquetes celtas: donde nacían las alianzas y las historias
Sentados alrededor de las paredes
Los banquetes se celebraban en comunidad.
Según Estrabón, los participantes se sentaban en bancos de piedra construidos alrededor de las paredes de las viviendas.
El respeto por la edad y el honor
Los asientos no se elegían al azar.
Existía una jerarquía basada en la edad, la experiencia y el prestigio personal.
Música, danza y celebración
Al finalizar las comidas comenzaban los bailes.
Flautas, trompetas y danzas formaban parte habitual de las celebraciones.
Leyendo algunas descripciones resulta difícil no imaginar una escena salida de una aldea gala de Astérix.
La imagen del guerrero celta
Capas oscuras y vida sencilla
Estrabón describe a estos pueblos vistiendo gruesas capas negras de lana.
Dormían sobre lechos sencillos de paja y llevaban una vida austera en comparación con las comodidades urbanas romanas.
Un pueblo difícil de conquistar
Los castros fortificados, el conocimiento del terreno y su fuerte espíritu de independencia hicieron que la conquista romana del norte peninsular resultara especialmente complicada.
De hecho, cántabros y astures fueron algunos de los últimos pueblos en caer bajo el dominio de Augusto.
Entre la historia y el cómic: «Axterix y Obelix» no iba tan desencaminado
No puedo evitar sonreír cada vez que releo algunas descripciones de Estrabón.
Banquetes comunitarios.
Grandes jarras de cerveza.
Guerreros testarudos.
Pueblos que se niegan a rendirse.
Solo falta mencionar un jabalí asado y una discusión al final de la fiesta.
Aunque Astérix y Obélix son una parodia humorística, René Goscinny y Albert Uderzo supieron captar muy bien la imagen que muchos romanos tenían de los pueblos celtas: comunidades orgullosas, amantes de sus costumbres y poco dispuestas a aceptar la autoridad de un imperio extranjero.
Y quizá por eso seguimos sintiendo cierta simpatía por aquellas aldeas que se resistían a desaparecer.
Una última reflexión
La mayoría de lo que sabemos sobre los pueblos celtas de Hispania nos ha llegado a través de quienes los observaron desde fuera.
Por eso conviene leer estas fuentes con cierta cautela.
Los romanos describían a sus enemigos, y a veces la admiración se mezclaba con los prejuicios.
Sin embargo, incluso a través de esa mirada parcial, podemos reconocer algo que se repite constantemente: eran pueblos profundamente ligados a su tierra, a sus tradiciones y a su libertad.
Y quizá esa sea una de las razones por las que, más de dos mil años después, seguimos sintiendo curiosidad por ello
Hasta la próxima entrada.
Dana, colaboradora de Wiccana sobre mitología, paganismo y gemoterapia
Fotografia:
- Castro o típica aldea celta: Image by Markéta Klimešová from Pixabay
